martes, 4 de junio de 2013

No sabía realmente qué pensar. Aquel personaje acababa de pronunciar unas palabras con una profundidad que en un principio no supe apreciar. En cualquiera caso, esta vez el sorprendido fui yo. Nunca había escuchado a una persona lanzar al aire un mensaje de tal calibre. No era consciente en aquel momento, pero en ese preciso instante mi vida cambiaría hasta unos niveles que difícilmente entrarían en la imaginación de un joven como yo.
Aquellas palabras salieron de su boca con una fuerza y una convicción sorprendentes; atravesando el fresco aire de la noche para plasmar sobre el vacío del silencio y la oscuridad un mensaje rotundo. Lo que más me llamó la atención de aquel impactante discurso, a pesar de todo, fue su final. A medida que avanzaba, la potencia y la fuerza inicial se fueron haciendo a un lado para dejar paso a...la pesadumbre.
         "Quizá al fin y al cabo esto sólo sean delirios de un hombre que ha vivido demasiado"
Y al final, un suspiro. Esa última frase escapó de sus labios sumida en la tristeza. Resultaba imposible pensar que alguien que en principio parecía tan seguro de sí mismo pudiese en tan breve periodo de tiempo venirse completamente abajo. Me dí cuenta entonces de que él no era alguien normal. Me era imposible decir por qué, pero sin duda no me hallaba delante de una persona corriente, estaba en frente de alguien que sí sabía quien era, y, que según parecía, había luchado por defenderlo. Las tornas habían cambiado por completo. Ahora era él quien parecía desorientado, quien estaba confuso, o eso parecía.
Mi cabeza comenzó a analizar las palabras que acababa de escuchar. Ciertamente no estaban cargadas de optimismo, más bien al contrario. Las frases se me acumulaban. ¿Un mundo sin solución? ¿De verdad suponía tanto todo aquello? No comprendía absolutamente nada. Quizá debía tener en cuenta su mensaje, quizá no. En medio de aquella confusión, decidí hablar.
         - Yo...bueno...no sé muy bien qué decir.
El viento sopló, arrastrando mis palabras consigo y restableciendo nuevamente la nada.
         - Es igual muchacho, no me hagas caso. No debí haber dicho nada. Supongo que a nadie le gustaría escuchar las tonterías de un desconocido. Menos mientras intentas despejar la mente, como supongo que estarías haciendo tú.- otro suspiro más.
Era cierto, todo aquello había sido fruto de una incomprensible inquietud en mi interior que me impedía dormir. Tal vez todo se basase en aquello, en saber quién era yo.
         - Quiero saber quién soy- contesté.
Noté entonces que su expresión cambiaba drásticamente. A pesar de la oscuridad, percibí como se recomponía e incluso, se le iluminaba la mirada; aunque durante escasos momentos.
         - Y sí...no, no puede ser- murmuró casi para sus adentros.
A continuación todo pasó demasiado rápido. Según pude distinguir su expresión volvió a cambiar. Agachó la cabeza y puso sobre ella sus manos, como recordando algo. De repente...un leve sollozo. El pulso se me aceleró. ¿Qué demonios pasaba?
         - Siento haberte metido en todo esto hijo. De verdad, lo lamento- mi grado desconcierto alcanzó límites insospechados.
         - ¿Qué?- no sabía qué más podía decir.
         - No debí haber dicho nada-repitió.
         - ¿Qué ocurre?
Aquello no me daba buena espina.
         - Vuelve a casa...quizá aún no sea demasiado tarde.
Nada más pronunciar aquella sentencia, sin más dilación, se dio la vuelta. Antes de que tuviese tiempo para reaccionar, echó a andar alejándose de mí.


No hay comentarios:

Publicar un comentario